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Las emociones. La teoría de James-Lange



Una emoción es un proceso que implica una serie de condiciones desencadenantes o estímulos relevantes (lo que nos produce la emoción), la existencia de experiencias subjetivas o sentimientos, diversos niveles de procesamiento cognitivo (lo que pensamos), cambios fisiológicos o activación (los cambios en el organismos), patrones expresivos y de comunicación, que tienen efectos motivadores, es decir, movilizan para la acción, y una finalidad: la adaptación de la persona que siente esa emoción al ambiente en continuo cambio.

Con la teoría de James-Lange (1884-87) se intenta explicar el origen de uno de los componentes de la emoción: las experiencias subjetivas o sentimientos, que serían una consecuencia de los cambios fisiológicos, otro de los componentes de la emoción, como por ejemplo los temblores, el sudor, o el aumento de la frecuencia cardíaca. Se propone que después de la percepción de un estímulo (una mala noticia, un imprevisto diario, recibir un regalo,...) se generan unas respuestas fisiológicas y motoras que son las que producen la experiencia del sentimiento, y no al contrario. La activación fisiológica es una condición necesaria para la existencia de una respuesta emocional, que tendría un patrón fisiológico específico. Esto implica también que elicitar algún patrón característico de una emoción haría que se produjese una experiencia emocional.

El sentimiento emocional se produciría cuando el cerebro recibe y procesa (lo que se llama retroalimentación) la información de los órganos y músculos que producen las respuestas fisiológicas. Entonces serían estas respuestas junto con las expresiones de las emociones las que originarían los sentimientos emocionales. Esta es la base de terapias como la risoterapia: si comenzamos a reir y a hacer expresiones de alegría se pueden producir los sentimientos emocionales de la alegría.


Una de las pocas comprobaciones de esta teoría es la de Hohman (1966), en la que se obtuvieron datos de personas con lesiones en la médula espinal para comprobar si efectivamente la intensidad de los sentimientos variaba según la lesión estuviera localizada más arriba o más abajo, (mientras más arriba menos sentimientos) comprobándose que sí era cierto: entre el grupo de personas que estudió (soldados con lesiones medulares) los que tenían la lesión localizada en un zona más alta sólo tenían sentimientos que se expresan con las zonas de la parte superior del cuerpo, del cuello para arriba ( como el llanto, ojos llorosos, o nudos en la garganta), los que la tenían decían tener, por ejemplo, ira mental o fría, ya que no sentían el típico calor en el cuerpo.

Sin embargo, hay otra teoría, contraria a ésta, la Teoría de Cannon-Bard, en la que se propone que las emociones (los sentimientos) anteceden a las respuestas fisiológicas, no siendo éstas determinantes de los primeros, sino al contrario). Esta teoría también incluye la cognición, los pensamientos e interpretaciones de la percepción de los estímulos, por lo que la experiencia de una emoción no se limita a la interpretación de nuestra respuesta fisiológica. El problema de esto es determinar que es primero, lo que pensamos o lo que sentimos, ¿nuestras emociones provienen de nuestros sentimientos, o es al contrario? Tal vez ambos sean componentes de un mismo proceso y ocurren simultáneamente.

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